La poda de invierno no es mantenimiento — es una decisión de diseño.
Cortar en junio es definir cómo va a crecer el jardín en primavera. Qué forma toman los árboles, cómo entra la luz, cuánto espacio gana cada especie para desplegarse. El trabajo que se hace ahora, cuando el jardín está en reposo, es el que determina la experiencia del verano.
En este jardín, el agua aparece en dos tiempos. El espejo largo que organiza el eje principal del recorrido. El estanque adosado al muro, con sus caños, que marca el límite entre arquitectura y vegetación. Dos presencias distintas — una horizontal y contemplativa, la otra vertical y sonora.
En verano, cuando la vegetación está en su punto, todo eso conversa: la sombra de los cipreses sobre el agua, el sonido de fondo de los caños, el verde denso contra la piedra clara. Ese resultado no ocurre solo. Ocurre porque se realizó la poda en junio.
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